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¡Eso, macho! ¡Pegue más duro!

Francois Hollande, presidente de Francia (Internet)

Francois Hollande, presidente de Francia
(Internet)

Apenas unas horas después del ataque terrorista de Paris del 13 de noviembre, donde murieron 130 personas y decenas resultaron heridas, Francia tomó decisiones “a lo macho”. Incluso su presidente, Francois Hollande, durante varios días aparecía en las fotos con cara de malo. Como si quisiera decir —y lo dijo, con otras palabras— “Nos vengaremos!”

O sea, apagar el fuego con fuego.

Ese mismo día (o noche, mejor dicho), Hollande anunció que Francia cerraba sus fronteras. A quién? A los “malos”, se entiende. Y a los refugiados, esos miles de desesperados y hambrientos que huyen de la destrucción y miseria que dejan las guerras de Siria, Afganistán e Irak.

El caso de Siria es, predominantemente, el de una guerra civil mientras que Afganistan e Irak son consecuencias de guerras e invasiones lideradas por Estados Unidos, con el apoyo de países europeos, entre ellos Francia. Países guerreros, guerristas e invasores. En Siria estos países también están involucrados en la guerra civil.

Toda guerra crea muerte, destrucción y éxodo masivo de civiles. Toda, si, TODA guerra produce esos efectos. No hay guerra sin éxodo de civiles que escapan la violencia que ni siquiera entienden.

Dejan todo detrás, casa, empleo, amigos y hasta parte de sus familias.

Las imágenes del rostro de los refugiados llegando a Europa en los últimos meses es más que explícita: miedo y desesperación.

Y claro, la culta, educada y poderosa Europa les cierra las puertas para no llenarse de “esa” gente. Porque la mayoría de “esos” no son blancos ni hablan ninguno de los idiomas “cultos”.

Alemania, al menos, aún no llegó al extremo de cerrar sus fronteras. Quizá por el cargo de culpa aún presente por haber asesinado a millones de judíos, gitanos, opositores políticos y “degenerados” —homosexuales—, enfermos terminales y también a gente muy fea, de acuerdo a sus ideales de raza pura. Pasaron unos 60 años desde entonces y el mundo parece haber aprendido muy poco de esta experiencia y de los horrores de las guerras.

Los intereses detrás de una guerra son muy poderosos y evidentes: desde la rapiña territorial o de materias primas, como el petróleo, hasta la venganza.

Hay además, otra razón: la religión. Los países occidentales, casi todos católicos o cristianos, temen, desconfían y desprecian a los musulmanes y otras religiones “incomprensibles”.

Y ahora que miles de refugiados llegan a sus pueblos, a sus comunidades, temen ser invadidos por estas religiones.

Por lo visto se olvidaron la larga lista de invasiones de occidente al resto del mundo y la consecuente imposición de su cultura, religión, idioma y el saqueo de las economías locales.

Y podemos repasar también la larga lista de guerras religiosas en Europa, donde hasta no hace mucho el Vaticano tenía su propio ejército y además contrataba mercenarios para luchar contra aquel país que le disputaba su dominio mundial.

Occidente hace rato que cerró sus fronteras a las personas que no quiere recibir, a las personas que no tienen las características raciales y culturales aceptables a su gusto. Y lo ha hecho dificultando las condiciones de ingreso, por ejemplo, haciendo más difícil obtener visas o permisos de trabajo.

Ni se diga Estados Unidos, cuya política migratoria está basada en cuestiones raciales y laborales y ahora mantiene a millones de personas prácticamente secuestradas debido a su estatus de “indocumentadas”. El impacto económico de estos millones de indocumentados es claro: producen, pagan impuestos pero no pueden reclamar servicios sociales debido a que son indocumentados. Por ejemplo, aunque un indocumentado trabaje 30 años, no puede cobrar jubilación, aunque durante esos 30 años aportó al fondo de jubilación.

Pillaje dentro y fuera del país.

Y el fanatismo religioso en Estados Unidos va subiendo de tono al punto de que muchos grupos y hasta pre-candidatos presidenciales parecen competir en su retórica con el mismísimo Hitler.

Los más fanáticos son (¿curiosamente?) hombres.

Por medio de este fanatismo se justifican acciones violentas y racistas. Y la violencia institucional la podemos ver en los constantes ataques de policías (casi siempre blancos) contra civiles desarmados (casi siempre de piel oscura). Estos policías difícilmente son llevados a la justicia.

La pobreza crece día a día en Estados Unidos, la desigualdad social es cada vez mayor, las cárceles están pobladas principalmente por negros y latinos, y mayoritariamente por delitos simples…

Es imposible creer que un acto de violencia social será aceptado pasivamente por el vencido.

Los islamistas del estado de ISIS utilizan armamento tomado al ejército de Irak, de procedencia estadounidense. (Internet)

Los islamistas del estado de ISIS
utilizan armamento tomado al ejército de Irak,
de procedencia estadounidense.
(Internet)

Algunos analistas explican que el estado islamista, o ISIS, surgió entre las cenizas de la invasión a Irak y por la humillación sufrida a manos de los invasores estadounidenses.

Y ahora varios países se toman turno para bombardear partes de Siria e Irak a fin de eliminar a ese estado de fanáticos que, por lo visto, ayudaron a crear.

A nadie se le ocurre otra opción. O al menos algo mas que bombas sobre bombas.

Son reacciones de macho herido y enfurecido, que al grito de guerra quiere aniquilar todo lo que es diferente a él y lo que se enfrenta a él.

Tanto odio, rencor y embrutecimiento no traerá nada bueno.

Como el macho que golpea a su mujer, buscará excusas para justificar su conducta. Y lo volverá a hacer, una y mil veces.

Porque los machos no cambian. No pueden porque no entienden ni aceptan sus errores. Tampoco los cambios o la diversidad de opiniones.

Mientras tanto, miles de personas siguen muriendo innecesariamente, miles de refugiados rogando por un techo y pan, miles de madres llorando por sus hijos que ya no están.

Y al macho, nada de esto le interesa.

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