Año nuevo, problemas viejos

Armas semiautomáticas en venta (Foto de cortesía)
Armas semiautomáticas en venta
(Foto de cortesía)

Un nuevo año tiene el simbolismo de un cambio y está históricamente asociado a los ciclos agrícolas y las festividades respectivas, que incluían la invocación a los dioses para una mejor cosecha. Hoy hablamos de deseos de año nuevo (resolutions, en inglés), porque de las cosechas se encargan otros, que con la ayuda de químicos, irrigación, nueva tecnología y mano de obra barata, pueden prever el éxito de las mismas.

Pero un deseo no quiere decir que este se cumpla. La mayoría de la gente se limita a desear algo pero no trabaja para que ese deseo sea una realidad. El ejemplo típico es iniciar una dieta o ir más seguido al gimnasio. Y como los milagros no existen, si no trabajamos para lograr lo que deseamos —hablamos de deseos realizables, claro— todo quedará en deseo incumplido.

Los deseos conectados con la sociedad son más complejos pero aquí también deberíamos trabajar para que se cumplan. Un ejemplo universal es el deseo de “paz en la tierra”.

Si miramos alrededor, las guerras abundan y no hay señales de que esto cambie a corto plazo.

¿Qué debemos hacer para que los gobiernos dialoguen en lugar de recurrir a la violencia y destrucción? Mmmm….

Es que el 2016 empezó mal. Las guerras en Afganistán e Irak siguen sin control. Lo más increíble es que después de una década y miles de millones de dólares, el conflicto en Afganistan está muy lejos de resolverse, de acuerdo a los deseos del país invasor, Estados Unidos. Lo mismo podría decirse de Irak, país que después de la caprichosa invasión dirigida desde Washington, se ha dividido dramáticamente en base a las ya existentes facciones religiosas y étnicas.

Estados Unidos invade, destruye gobiernos y después no sabe qué hacer allí ni cómo establecer la “democracia” que pregona. Libia va por ese camino.

Esta locura tiene su historia —la lista de países invadidos por Estados Unidos es muy larga— y contribuye a generar odios y resentimientos. Es por esto que algunos analistas aseguran que el origen del llamado “Estado Islamico” (o ISIS) esta en la invasión a Irak y por eso afirman que Estados Unidos creó, indirectamente, a ISIS.

Pero al inicio del 2016 se le agregan más problemas en el llamado Medio Oriente. Ahora Arabia Saudita surge como potencia militar, auspiciada por Washington. Pero ese país tiene enfrentamientos religiosos con otros países, particularmente Iran, y así las tensiones siguen creciendo, con el apoyo de… Estados Unidos!

Todas estas guerras y conspiraciones generan muerte, destrucción, hambre, éxodos. Entonces no debería sorprendernos la crisis de los refugiados del Medio Oriente a Europa que vimos en 2015 y que no se detendrá este año ya que la causa de ese éxodo, la guerra, sigue activa.

Y mientras nuestra atención se dirige a esa zona del mundo debido al dramatismo de los eventos, aquí, en casa, las cosas no son mucho mejores.

Porque la lista de asesinatos masivos en escuelas, teatros y centros comerciales sigue creciendo. Si bien estos actos son considerados “individuales”, producidos por personas “con problemas mentales o emocionales”, la realidad es que ya son una plaga y por lo tanto tienen carácter social, no individual.

Estamos educando una nueva generación en la violencia gracias a los video juegos, el cine y la facilidad conque cualquier persona puede comprar armas de alto calibre.

También existen los grupos armados de derecha, o racistas. Es el caso de las Milicias, grupo que el 2 de enero ocupó parte de un terreno federal en Oregon. Nadie duda de que si en lugar de blancos los atacantes fueran negros o latinos —ni se diga Musulmanes— hubieran sido eliminados rápidamente por la policía o la Guardia Nacional.

Avión de combate de EE.UU. preparándose para atacar objetivos de ISIS en Siria. (Foto de cortesía)
Avión de combate de EE.UU.
preparándose para atacar objetivos
de ISIS en Siria.
(Foto de cortesía)

La tendencia militarista, invasora y destructiva de Estados Unidos hacia el exterior obviamente termina reproduciéndose internamente. El racismo, el autoritarismo, el sentimiento de inseguridad —alimentada a diario por los medios masivos de comunicación— los abusos de las policías locales y la cultura de la guerra son en gran parte responsables de estas matanzas colectivas y de actos delictivos racistas que vemos crecer en nuestra sociedad.

Por eso, si queremos que nuestro deseo de año nuevo de que haya paz en la tierra se cumpla, debemos hacer algo por lograrlo. No es fácil pero vale la pena intentarlo. Algo así no será promovido por el gobierno ni la policía. Es cosa de cada uno de nosotros y de todos.

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