A 5 siglos de la conquista, las mujeres indígenas siguen siendo despreciadas

Mujer indígena tejiendo
con hojas de palma
(Foto: Eduardo Stanley)

Los tiempos pasan, las mañas cambian pero el objetivo es el mismo: mantener a “los de abajo” siempre abajo.

La verdadera conquista del continente se concretó con el dominio de los indígenas, gracias principalmente a la Iglesia católica, quien asumió la responsabilidad de hacerlos sumisos al poder, cambiarles sus valores y cultura —incluyendo sus nombres.

Los europeos no podían haber conquistado América solo con las armas. Además, necesitaban la mano de obra esclava o semi-esclava que tenían disponible.

Muchos activistas siguen culpando a los españoles por la sangrienta conquista y destrucción de la cultura indígena. Esto es cierto, pero.… Si en lugar de españoles hubieran llegado otros europeos la situación no hubiera sería diferente.Como anticipamos, la clave de la conquista fue el papel de la Iglesia, que combinó la represión con el lavado de cerebro. Reemplazó templos y deidades, modificó rituales por santos, vírgenes e iglesias.

En otras palabras, los conquistadores espirituales fueron más inteligentes y efectivos que aquellos que empuñaban las armas —nada que sorprenda, por cierto.

Los conquistadores traían e impusieron valores desconocidos por los indígenas, como la propiedad privada. Pero se afirmaron gracias a valores comunes: la división de la sociedad en clases y la justificación del poder en pocas manos “por obra de Dios” (o de los dioses). Esto quizá explique la relativa facilidad conque el cristianismo prendió entre los nativos.

Y si tenemos una sociedad dividida en clases, tenemos racismo. Quienes dominan a otras clases sociales, a veces compuestas por decenas de miles de personas, se justifican invocando valores religiosos y su supuesta superioridad racial o intelectual.

Poco ha cambiado esto en el mundo moderno.

La Iglesia católica, que sigue teniendo gran influencia entre los indígenas, les enseña en la actualidad a las mujeres que deben tener cuantos hijos “quiera Dios”, rechazando cualquier esfuerzo por la educación sexual y de que sean ellas las que decidan cuántos hijos van a tener.

La Iglesia también se opone al aborto, aún en casos de violación o de riesgo de la salud de la madre.

En México, donde los indígenas constituyen el sector más marginado social y políticamente, esta situación sigue existiendo.

El pasado 30 de abril se agregó un nuevo condimento de dominio de clases sobre la población indígena, especialmente sobre sus mujeres: el gobierno mexicano declaró que no se entregarán subsidios a aquellas con más de tres hijos.

Y lo hizo por boca de una mujer, Rosario Robles Berlanga, Secretaria de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), quien dijo durante un discurso en el estado de Nayarit, que el Programa Oportunidades no apoyará a las mujeres con más de tres hijos. Este programa entrega hasta $2.700 pesos mensuales a esas mujeres (unos $250 dólares).

Con un tono paternalista y autoritario —común al de casi todos los funcionarios— Robles hasta regañó a las mujeres con más de tres hijos y las instó a no pasar de ese números de descendientes.

Robles, ex-gobernadora del DF (1998-2000), por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), considerado por algunos como de “izquierda”, estuvo envuelta en un escándalo sexual/financiero que le costó su carrera política pero revivió políticamente gracias al PRI, hoy en el poder.

Por lo visto, Robles aprendió muy poco de aquella experiencia.

El PRI siempre ha sido hábil en cooptar “opositores”, a sus administraciones, especialmente algunos provenientes de la izquierda tibia, lo que le otorga algo de credibilidad a sus gestiones.

Rosario Robles
(Foto cortesía Proceso)

A Robles le llovió, y duro. Esto la llevó a modificar parcialmente su propuesta y la SEDESOL aseguró que se seguirán entregando subsidios a mujeres indígenas con más de tres hijos, pero no especificó la cantidad. Y hasta modificó su política de subsidio infantil ya que en un comunicado del 4 de mayo se asegura que las madres con hasta tres hijos, sean o no indígenas, recibirán apoyo.

Al margen de estas correcciones, la estupidez de Robles expone como una herida sangrante el tema del racismo, la marginación y el desprecio que padecen las comunidades indígenas.

El tener varios hijos está relacionado con las condiciones sociales de las comunidades marginadas, donde los hijos son vistos también como ayuda laboral. Y ni se diga de los embarazos juveniles ya que en zonas rurales aún se conserva la costumbre de juntarse o casarse muy jóven.

La mayoría de las mujeres indígenas no elige su estilo de vida ni nadie les pregunta cuántos hijos quieren tener.

Robles no puede ignorar esta realidad. En lugar de regañar a las mujeres indígenas, uno se pregunta porqué no hace esfuerzos por llevarles educación, oportunidades de empleos, salud, y mejores condiciones de vida.

El poder, hoy en manos de “gente nuestra”, no europeos, no quiere que nada cambie y que los (y las) de abajo sigan igual.

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