¿Vale la pena votar?

Siempre promoví el voto y desde que me hice ciudadano de este país nunca dejé de hacerlo. Promoví que más latinos lo hagan como una de las formas más simples de aumentar el poder que somos en los números pero que no se refleja en las urnas.

Pero últimamente me estoy poniendo más cínico respecto al voto.

Y esto tiene sus razones.

Por ejemplo, en 2006 y 2007 las marchas pro derechos de los inmigrantes sacudieron en parte las estructuras del poder y abrió las puertas para un cambio en el Congreso. Los Republicanos —enemigos de una reforma migratoria— perdieron escaños, aumentó el registro de votantes Demócratas y, al menos en California, se consolidó el poder de estos últimos.

El voto latino fue importante para la elección del primer presidente negro del país en 2008 y para su posterior reelección en 2012. En ambos casos, Obama prometió une reforma migratoria.

Y qué pasó después? De qué sirvió ese mayor poder Demócrata, quienes se dicen nuestros amigos en muchos temas, como el de inmigración?

“Business as usual”. O sea, todo sigue igual. No quiero decir que Demócratas y Republicanos sean exactamente iguales. No, claro que no. Hay diferencias, pero no de fondo. Ambos partidos son el sostén de un sistema basado en la desigualdad y la injusticia. Uno de ellos quiere remendarlo levemente, haciendo que no se noten los extremos. El otro ni eso.

Y así estamos: sin opciones reales.

Peor aún, nos hicieron creer que “nuestros amigos” Demócratas nos representan y ellos lograrían impulsar parte de nuestros reclamos. Pero ya no se habla más de la “agenda hispana”. No, ni eso. Ahora son solo “reclamos”.

Una agenda no es solo una lista de reclamos sino una guía de cómo lograrlos y de aumentar la participación ciudadana. Los reclamos son eso, quejas o demandas aisladas.

O sea que retrocedimos.

Veamos el mismo ejemplo: las marchas pro-inmigrantes del 2006 y 2007. En qué quedó la principal exigencia de una reforma migratoria amplia?

No todo es culpa de los partidos políticos porque los inmigrantes y sus aliados no tuvieron (tuvimos, mejor dicho) el poder de negociar directamente, dejando eso a cargo de organizaciones latinas establecidas (mainstream) ubicadas principalmente en Washington. Entre las más reconocidas de estas organizaciones figura El Concilio Nacional de la Raza (National Council of La Raza, http://www.nclr.org), cuya función primordial es cabildear en el Congreso y otras instancias del poder las causas latinas.

Sin embargo, debido al vacío de poder de los inmigrantes que marchamos en 2006 y 2007, este tipo de organizaciones terminó “representándonos”. No debe sorprender porqué ni los Demócratas nos toman en serio: saben que nos tienen controlados, adormecidos con la ayuda de esas organizaciones.

Mientras aún la gente marchaba en 2006 y 2007, estas organizaciones preparaban sus pedidos de subsidios (grants) para trabajar en la comunidad hispana sobre temas como inmigración. Es decir, desde arriba nos impusieron una agenda que, además, solo ellos controlan.

Y el resultado es la última propuesta de ley de reforma migratoria aprobada por el Senado, controlado por los Demócratas. En la elaboración de esta propuesta, que de “generosa” y “amplia” tiene poco y nada, no participó ninguna organización latina ni activista de base.

Simultáneamente, siguen las deportaciones masivas.

Nos quedamos sin poder, sin reforma migratoria y divididos.

Una lección básica es que si no hay un liderazgo de base, “de abajo” que nos represente, las marchas no tendrán mucho efecto.

Y como estamos todavía durmiendo la siesta, los políticos no temen nuestro potencial poder. Desde Washington nos siguen dando pastillas para mantenernos adormecidos.

En este contexto es que me pregunto si sirve votar. O para qué sirve.

Porque pronto se va Obama y ya parece que nos quieren imponer a Hillary Clinton, quien seguramente nos prometerá muchas cosas que después no concretará —por lo que culpará a los Republicanos.

Y así sigue la rueda girando.

Finalmente, como votante no quiero dejar de usar el poco, casi insignificante poder que me otorga ese derecho.

Pero me concentro en las Proposiciones de California —muchas veces artilugios de los poderosos para controlar más todavía los recursos naturales y los derechos laborales. Respecto a los candidatos, muchas veces los ignoro. O sea, dejo en blanco esas casillas donde los nombres no me dicen nada. O veo si algún representante de uno de esos partidos que nunca ganan, como el Green Party, ofrece algo.

No es un voto tirado a la basura. Simplemente no quiero seguir repitiendo viejos errores.

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