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Carreteras saturadas y transporte público

Recuerdo que viajar del centro de California al sur —digamos de Fresno a San Diego— era una experiencia algo complicada pues había que evitar el tráfico en la zona de Los Angeles. La carretera 5 siempre estaba abarrotada de trailers y carros.

Pero fuera de la hora pico, o “rush hour”, uno podía pasar por esa zona sin mayores problemas, incluso la carretera 405 era algo más tranquila. Solo había que planificar para circular por allí fuera del horario más complicado.

Pero ya ni eso alcanza. Desde hace al menos una década, el tráfico ha crecido de tal manera que de nada sirve planificar un viaje tratando de evitar el congestionamiento vehicular.

Y cerca de Los Angeles… Circular por las carreteras 10 ó 210 en horas de trabajo es un infierno! Y qué decir de la turística San Francisco! El tráfico es tan pesado que es casi imposible estimar la duración del viaje.Es que a medida que crece la población, crecen las necesidades de todo tipo: vivienda, escuelas, comercios y, por supuesto, transporte.

Las ciudades también crecen, lógicamente.

Ciudad de México y Los Angeles son dos buenos ejemplos. Si vemos mapas de estas ciudades, notaremos verdaderas “telas de arañas” de viaductos o carreteras internas.

Aún así, trasladarse de un lado a otros en estas ciudades —y en otras también!— es un dolor de cabeza. Nos pasamos horas en el carro.

Este problema ya está afectando incluso a las zonas rurales. Hasta hace poco, me divertía burlándome de mis amigos “urbanos” diciéndoles que yo viajaba 50 minutos pero recorría 50 millas, no 5 como ellos en ese mismo tiempo.

Pero ahora ya casi estamos empatados.

Resulta que el crecimiento del tráfico automotriz es de tal magnitud que incluso en el centro de California viajar por carretera se está convirtiendo en una pesadilla.

Por ejemplo, la carretera 99, extensión de la número 5 que atraviesa Los Angeles, uniendo el sur del estado con la capital, Sacramento, es un permanente desfile de trailers. A esto se suman las constantes reparaciones —el peso de los camiones deteriora rápidamente los caminos.

O sea que además del tráfico, las maquinarias y desvíos hacen que la circulación sea más lenta y complicada.

Esta situación no desaparecerá; el aumento del tráfico es perjudicial, no solo por las demoras, sino por el increíble aumento de la contaminación, las horas perdidas tras el volante y el mal humor de los viajeros.

Ante esto, es urgente el desarrollo de más y mejor transporte público.

Una de las razones por las que el tren, por ejemplo, no se ha desarrollado más, es por la oposición de los intereses ligados a la industria automotriz y a sus aliados en el Congreso, particularmente los politicos Republicanos, partidarios de privatizar todo: transporte, educación, salud, nacimientos, muerte, etc.

Hace poco, el diputado federal de Visalia, California, Devin Nunes, propuso usar el dinero destinado al futuro tren rápido a mejorar carreteras. O sea, más cemento para que más y más chatarra circule lentamente sobre él. Y de paso, Nunes, un Republicano enemigo del transporte público, buscaba así minar el proyecto del tren rápido de California. Este proyecto me permitirá viajar de Fresno a San Francisco en menos de una hora. Por Amtrak, se necesitan actualmente casi cuatro horas para hacer ese recorrido.

Una simple visita a una estación de Amtrak nos permite ver que la mayoría de los viajeros son gente de menos recursos, personas de color y jubilados. En otras palabras, nuestra gente es la que más usa estos servicios.

La planificación y crecimiento del transporte público es tan importante como la reforma migratoria, aunque no lo parezca.

Por eso, a la hora de elecciones políticas, leamos claramente qué opina sobre el transporte público nuestro candidato (o candidata), y qué piensa hacer al respecto.

Es hora de obligar a la clase política que tome acciones concretas.

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