Elecciones: ¿Cambia algo en el Valle Central de California?

Votando (Foto: Eduardo Stanley)
Votando
(Foto: Eduardo Stanley)

Lo mejor de estas elecciones del 4 de noviembre es que ya pasaron. Ahora los partidos y candidatos deben limpiar su basura electoral, los perdedores tendrán que secar sus lágrimas mientras que los ganadores seguramente siguen de brindis en brindis.

Algunas contiendas aún no están decididas ya que la diferencia entre candidatos es tan pequeña (diferencia de votos, no de inteligencia) que habrá que esperar varios días para saber quién es el ganador —o ganadora.

Tampoco se sabe aún con precisión el nivel de participación de los latinos, tanto a nivel nacional como estatal. Lo que ya se anticipó es que pocos latinos votaron.

Elecciones en el Valle

Como ya lo he mencionado e varias oportunidades, las zonas rurales son conservadoras, con altos niveles de desempleo; los trabajos principales están relacionados a la agricultura, de manera que los salarios son bajos y la pobreza abunda. En el otro extremo de la cuerda, las ganancias de la industria agrícola son multimillonarias.

Como parte de este conservadurismo viene el atraso social y la poca actividad cultural y educativa. Quienes controlan el poder en las zonas rurales —como el Valle Central, el Valle Imperial y el de Salinas— se sienten dueños de la sociedad y no quieren que nada cambie ni que se interrumpa su eterna siesta social y política.

Todo aquello o aquel que desafíe esta tranquilidad controladora es considerado terrorismo o terrorista.

La propaganda política en este sentido es constante. Y como la gota de agua que perfora la roca, les ha dado buenos resultados a los Republicanos.

Volveremos sobre este tema de la propaganda, pero anticipemos que los resultados electorales del 4 de noviembre solo confirmaron que los conservadores siguen en el poder. Y hasta ganaron terreno. Si, en California!

Los Republicanos tienen solamente un 28 por ciento de votantes registrados en el estado y aún así han ganado casi todas las contiendas de importancia en el Valle Central.

Por ejemplo, los votantes debieron elegir a dos Supervisores del Condado de Fresno —son cinco en total. Los dos candidatos más conservadores, ambos agricultores, ganaron.

En el distrito federal 21, donde los Demócratas llevan una ventaja de casi diez puntos en votantes registrados y la mayoría de la población es latina, el Republicano David Valadao aplastó en las urnas a la Demócrata Amanda Rentería.

Este es un distrito tradicionalmente Demócrata y lo perdió hace dos años, precisamente a manos de Valadao, quien aprovechó esos dos años para ganar popularidad entre el electorado.

Otro distrito federal que puede caer en manos republicanas, también tradicionalmente Demócrata, es el distrito 16, hoy ocupado por el insípido Jim Costa, un miembro de lo que hasta hace poco se llamaba “Blue Dogs” (Conservadores Demócratas).

Costa, agricultor y de perfil bajo, seguramente se sintió seguro y apenas dedicó tiempo y dinero a su reelección. Se enfrentó a un desconocido, el Republicano y también agricultor Johnny Tacherra.

Al cierre de las urnas, Costa pierde por 736 votos y ahora depende de los votos ausentes y “provisionales”.

Ni siquiera los Republicanos tenían esperanzas en Tacherra, al punto que no le dieron ni un centavo. El candidato hizo una campaña muy austera y solo contó con una persona pagada, los demás eran voluntarios.

Entre las excusas por esta debacle tenemos: cuando las elecciones no incluyen la presidencia mucho menos gente vota y esto favorece a los conservadores (blancos, profesionistas, más viejos y disciplinados politicamente).

Sin embargo, hay más detrás de este fracaso. Y lo peor es que los latinos no haremos nada por corregir estos problemas.

Votando (Foto: Eduardo Stanley)
Votando
(Foto: Eduardo Stanley)

Los pobres votan por sus verdugos

No olvidemos que los Republicanos se oponen, por ejemplo, al seguro de salud más amplio y más barato para personas de bajos ingresos —el llamado Obamacare. Y se oponen al progreso —en este caso, a la construcción del tren rápido que unirá Los Angeles y San Francisco en tiempo récord—; quieren privatizar la educación y reducir los programas de asistencia social, además de oponerse a una reforma migratoria amplia.

Con estos resultados, si parte de la agenda Republicana no se implementará es porque el gobierno estatal está en manos de los Demócratas. Aún así, habrá duras consecuencias para los más necesitados, como es el caso del condado de Fresno, donde la mayoría conservadora quiere eliminar el acceso a la salud por parte de indigentes e indocumentados. Y esto es grave.

Pero aún así, el voto latino estuvo ausente. O apoyó a sus verdugos, como a Valadao.

Qué falló en esta campaña? O qué nos falta para lograr un electorado más participativo y que no se deje mangonear por la propaganda conservadora?

En primer lugar, eso: mayor educación política entre latinos. El problema es, quién la desarrollaría? Porque los Demócratas solo se acuerdan de nosotros cuando llegan las elecciones. Y para entonces es tarde.

Los conservadores, en cambio, pelean día a día por su causa y por ganar adeptos. Un ejemplo: en las carreteras del Valle Central, los agricultores cuelgan mantas gigantescas con propaganda política de manera permanente. Una de ellas dice, “El Dust Bowl fue creado por el Congreso. Detengamos a [Jim] Costa y Pelosi”.

Por su puesto, es mentira que el Dust Bowl fuera creado por los políticos, pero como propaganda sirve. Y la gente, por lo visto, lo cree. Y asocia a políticos como Jim Costa con congresistas que están contra la agricultura.

El miedo es parte importante de la propaganda política.

Un buen ejemplo es la contienda para elegir juez para la Corte Superior del Condado de Fresno. La conservadora Lisa Gamoian realizó una intensa campaña contra su oponente Rachel Hill presentándola como “liberal”, quien dejaría libre a miles de criminales, además de ser también responsable de la sequía gracias a su apoyo a ambientalistas (a quienes los conservadores consideran enemigos respecto al tema del agua para riego, que afecta a los agricultores).

Esta campaña indignó a muchos jueces locales, pero aún así, por ahora Gamoian se impone y habrá que esperar al conteo detallado de los votos ausentes para saber quién de estas dos mujeres será jueza.

Votando (Foto: Eduardo Stanley)
Votando
(Foto: Eduardo Stanley)

¿Podemos cambiar algo?

Para tener mejores representantes, que lleven adelante una agenda más amplia y creativa se necesita, básicamente, una base de votantes más informados. Cómo lograrlo? Ese es el problema, no? Porque para esto deberíamos contar con organizaciones y activistas preparados y dedicados a esta tarea.

La participación ciudadana en la sociedad no es solo a través del voto.

Pero esto es lo que nos hacen creer, incluyendo los Demócratas.

Es como si dijeran: “Vota (por mí) y después vete a dormir la siesta”. O “dame tu voto pero después no preguntes ni exijas nada”. Aquí está el primer problema. Si votamos, tenemos que presionar a quien elegimos para que cumpla lo prometido.

Si no votamos, podemos participar de otras maneras, especialmente informándonos, dialogando sobre temas de interés social, etc. Integrarse a organizaciones cívicas y círculos de lectura (literatura, política, historia) es una buena idea. Si estas cosas no existen en tu barrio, porqué no crear un grupo? Por algo se empieza.

Porque cuanto más indiferentes seamos, más vamos a perder. Las elecciones del pasado 4 de noviembre demostraron precisamente eso. Y que el famoso poder político de los latinos, al menos en las zonas rurales, no existe.

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