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Aniversario 50 de la primera huelga de la uva

Cartel alegórico (Foto: Eduardo Stanley)

Cartel alegórico
(Foto: Eduardo Stanley)

DELANO, CA — Hace medio siglo el grito de “Huelga! Huelga!” estremeció el Valle Central de California. Miles de trabajadores del campo dejaron sus lugares de trabajo en reclamo de mejoras salariales y de condiciones laborales.

El movimiento empezó cuando jornaleros de origen filipino, en la zona de Delano, exigieron el mismo pago que sus pares del Valle Imperial pero los agricultores se negaron. Decidieron entonces ir a la huelga.

Los filipinos eran particularmente marginados y despreciados por la sociedad estadounidense. Entre otras cosas, no podían traer a sus esposas o parejas y no se les permitía casarse con mujeres blancas.

EE.UU. invadió Filipinas en 1899 y la mantuvo como colonia hasta 1945, cuando Filipinas logró su independencia. Las empresas estadounidenses y sus bases militares eran los principales empleadores aún después de dicha independencia. En estas circunstancias, la contratación de jornaleros filipinos era considerado normal.

Sin embargo, el racismo y la explotación laboral marcó a esta comunidad, que vivió ataques y violencia inusual en áreas rurales. 

Al decidir la huelga en 1965, los filipinos del Valle Central sabían que necesitaban ayuda. Y no dudaron en pedirla. Fueron a hablar con Cesar Chávez, quien estaba  organizando a jornaleros de origen mexicano en esa zona.

La unión de ambos grupos cambió la vida de miles de trabajadores y dio origen al Sindicato de Campesinos (United Farm Workers, UFW).

Arturo Rodríguez, presidente de la UFW durante el evento. (Foto: Eduardo Stanley)

Arturo Rodríguez, presidente
de la UFW durante el evento.
(Foto: Eduardo Stanley)

“Yo tenía 13 años cuando escuché el grito de ‘Huelga, huelga’ en el campo de trabajo. Todos dejaron de trabajar y salieron”, recuerda Lorraine Agtang, de 63 años y origen filipino. “Me sorprendí, para mí era difícil ver a filipinos desafiando a sus patrones”.

Su papá no dudó en plegarse a la huelga. Con él, Lorraine empezó a participar de interminables reuniones en el Filipino Hall, de Delano. La unión con los trabajadores mexicanos también le sorprendió.

Lorraine Agtang (Foto: Eduardo Stanley)

Lorraine Agtang
(Foto: Eduardo Stanley)

“Los patrones siempre quisieron separarnos, hacernos competir”, explica Lorraine, madre de cuatro hijos. “Pero ahora no había nada de eso, estábamos juntos!”

Josefina Flores, de 85 años, estaba en el pequeño poblado de Arvin, cerca de Bakersfield, cuando estalló la huelga de 1965. Después se fue a Selma donde conoció a Cesar Chávez. “Participé en la marcha a Sacramento”, cuenta con orgullo esta madre de tres hijos, luciendo decenas de botones alegóricos a la huelga y a la UFW. “Y de ahí en más me seguí involucrando!”

Josefina Florez (Foto: Eduardo Stanley)

Josefina Florez
(Foto: Eduardo Stanley)

Esta histórica huelga estuvo acompañada de un boicot a los productos agrícolas como la uva —principal cultivo en la zona de Delano—para lo cual centenares de activistas viajaron por todo el país organizando “piquetes” frente a supermercados, hablando con la prensa, distribuyendo mensajes impresos, visitando universidades y escuelas, convenciendo así a millones de consumidores para que los ayudaran a lograr salarios más dignos en el campo.

La población respondió en apoyo a la UFW y los agricultores finalmente aceptaron negociar con el sindicato. Se firmaron entonces los primeros contratos.

Celebración de los 50 años

La celebración del 50 aniversario de la primera huelga tuvo lugar en “40 Acres”, un amplio espacio de la UFW al oeste de Delano. Contó con la presencia de centenares de personas. Entre música, exhibiciones, recuerdos y dedicaciones, muchos de los originales veteranos y sus familiares fueron homenajeados.

El evento destacó la participación de los filipinos en la primera huelga, a quienes durante años prácticamente se les negó su rol protagónico en esta historia.

Como invitado especial, asistió Robert F. Kennedy Jr, hijo del asesinado senador Robert Kennedy (1925-1968), quien contribuyó a el establecimiento de la UFW. También estuvo presente el actor y cantante Chris Kristofferson, simpatizante de la UFW.

Chris Kristofferson, de perfil, cantando en el evento en  celebración de los 50 años de la huelga campesina de 1965. (Foto: Eduardo Stanley)

Chris Kristofferson, de perfil,
cantando en el evento en
celebración de los 50 años
de la huelga campesina de 1965.
(Foto: Eduardo Stanley)

Durante esta celebración, la UFW dedicó el parque de “40 acres” a Richard Chávez (1929-2011), hermano de César, quien a pesar de mantener un perfil bajo dentro de la UFW, fue un protagonista crucial por su capacidad negociadora.

Momento en que se descubre la placa dedicada a Richard Chávez. (Foto: Eduardo Stanley)

Momento en que se descubre
la placa dedicada a Richard Chávez.
(Foto: Eduardo Stanley)

Richard mantuvo una relación de pareja con la co-fundadora de la UFW, Dolores Huerta (nacida en 1930), con quien tuvo cuatro hijos. Precisamente Huerta estuvo presente en dicha dedicación.

Dolores Huerta (segunda desde la izquierda) con sus hijas Camila, María Elena y Juana. (Foto: Eduardo Stanley)

Dolores Huerta (segunda desde la izquierda)
con sus hijas Camila, María Elena y Juana.
(Foto: Eduardo Stanley)

 

Otra vez la huelga

En los 70s las huelgas volverían ante la resistencia y agresividad de los agricultores contra la UFW y sus activistas.

“Nosotros volvimos a la huelga en 1973, el dueño no quería aceptar las demandas del sindicato y empezó a reemplazarnos con maquinaria”, dice María Arévalo. “Incluso el patrón me atropelló con su vehículo cuando yo estaba afuera pidiendo a mis compañeros que se unan a la huelga”.

Arévalo fue a para al hospital y, debido a una denuncia de su patrón, fue después arrestada. Esto la motivó aún más. Participó en los boicots a la uva, vino y lechuga de los 70s, para lo cual viajó a Detroit y más tarde a San José, California. Regresó al Valle Central y organizó trabajadores en Porterville y Lindsey.

María Arévalo (Foto: Eduardo Stanley)

María Arévalo
(Foto: Eduardo Stanley)

En 1975, la UFW logró una de las mayores victorias políticas de su historia, cuando el entonces gobernador, Jerry Brown —el mismo que gobierna actualmente California desde 2011—, aprobó la ley “Acta de Relaciones Laborales de California (CALRA), por la cual se le otorga a los jornaleros el poder de decidir por votación su participación en un sindicato.

Entre los logros de la UFW, se cuentan las mejoras en las condiciones de trabajo en el campo y beneficios de jubilación y seguro médico.

En este sentido, la UFW abrió clínicas en algunos poblados del Valle Central.

“Las enfermeras en realidad eran voluntarias”, comenta Jennie Aledo, de 63 años, de origen filipino. “Yo trabajé en la clínica Rodrigo Terronez, la primer clínica de la UFW, aquí en Delano, por 16 años”.

De acuerdo a Aledo, la UFW pagaba $5 por semana y cubría gastos como electricidad. “Lo de la huelga estuvo bien… Los filipinos se fueron mezclando mucho con los latinos”, concluyó.

Parte de la exhibición (Foto: Eduardo Stanley)

Parte de la exhibición
(Foto: Eduardo Stanley)

“Gracias a la UFW yo conseguí trabajo en el Condado de Kern, aquí en Delano, y después de 30 años me jubilé”, dice Lorraine Agtang, con una expresión de orgullo. “Un sindicato es muy importante para los trabajadores!”.

Pero a medida que la historia avanza, pocos recuerdas las luchas épicas de jornaleros filipinos y mexicanos durante los 60s y la creación del sindicato que los representaría en el futuro.

“Hablo con estudiantes, trabajo con organizaciones para que los jóvenes conozcan esta historia”, dice Agtang. “Trabajamos mucho y muy duramente, sufrimos mucho y no queremos que se olvide nuestro aporte!”.

 

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