La difícil tarea de integrar a los deportados en México

Eunice Rendón
(Foto: Eduardo Stanley)

La situación social de la frontera México-EE.UU. es caótica y empeora día a día con la llegada permanente de nuevos migrantes que intentan ingresar a Estados Unidos, país que reforzó la seguridad en la línea y endureció las condiciones de aceptación de refugiados. Por si fuera poco, la Administración Trump está implementando políticas represivas sin precedentes, como separar a los niños de sus padres al arrestar familias que intentan ingresar y manteniendo a los menores en condiciones deplorables. Organizaciones de derechos humanos han denunciado este  procedimiento y han documentado innumerables abusos de todo tipo.

De esta manera, decenas miles de posibles inmigrantes acampan en la frontera a la espera de una oportunidad para cruzar y otros tantos sobrepueblan los llamados centros de detención.

Desde 1986 no hay reforma migratoria, mientras se endurecen los reglamentos que implementan la ley actual. El muro obligó a los inmigrantes a tomar rutas más aisladas y peligrosas, aumentando las muertes en la frontera de manera dramática. El muro se empezó a construir en 1996 durante la presidencia del Demócrata Bill Clinton.

Además, las redadas y deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados no se detienen.

“Antes llegaban a Ciudad de México tres vuelos por semana con deportados”, explica Eunice Rendón Cárdenas, Coordinadora de Agenda Migrante, una organización mexicana que trabaja con deportados e inmigrantes en las fronteras norte y sur de México. “Pero desde hace año y medio los dejan en la frontera”.

Esto aumenta el caos presente en la línea ya que los deportados experimentan problemas emocionales, carecen de recursos y muchos ni siquiera tienen ya familia —o su familia directa quedó en Estados Unidos.

“Muchos son reclutados por el narcotráfico, otros caen en la desesperación e intentan reingresar a EE.UU”, asegura Rendón, doctora de Políticas Públicas y ex directora del Instituto de los Mexicanos en el Exterior.

Cómo enfrentar esta difícil situación?

Para Rendón, no hay una sola solución pero si varias posibilidades.

Su organización trabaja con los recién llegados, los deportados, los que regresan sin trabajos, muchos de los cuales ni siquiera reconocen a su país al que dejaron desde pequeños.

“Es importante implementar proyectos productivos para que los deportados se integren y logren un ingreso”, asegura Rendón, de 41 años, quien también colabora con la organización Chicanos Por La Causa, de Phoenix, Arizona. “Por ejemplo, hay un proyecto de imprenta y xerografía en México, otro de deshidratación de frutas en Michoacán, varios proyectos de capacitación en joyería, administración, carpintería…”

Uno de los proyectos que Rendón promueve —no en vano se define como una “gestora”— es la construcción de albergues en Chiapas, acompañados de proyectos productivos que ayuden a su auto-sustento. 

“Estoy más dedicada a la frontera norte, donde estamos cabildeando para lograr políticas de integración y reintegración de migrantes y deportados”, asegura. “También estamos trabajando con los mexicanos del otro lado. Es importante reactivar a los clubes y el programa 3X1 (el gobierno del presidente López Obrador los canceló debido a las denuncias de corrupción por parte de alcaldes locales que se enriquecían con las remesas de los migrantes mexicanos residentes en EE.UU.) para desarrollar programas productivos”.

Pero Rendón también expresa que le gustaría que los migrantes mexicanos en EE.UU. cambien su orientación y en lugar de enviar dinero para el sustento de sus familiares, realicen inversiones productivas que puedan no solo a crear ingresos para sus allegados sino también para beneficio de las comunidades. 

“Algo así podría interesar a inversionistas y algunos proyectos podrían crecer”, concluye Rendón. 

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